La luz entra por la ventana, ha amanecido otro día… hace una semana desperté en este mismo lugar y desde entonces me he encontrado en una espesa neblina, todos a mi alrededor me miran con curiosidad, no pensaría que ya ha pasado este tiempo si no fuera por el estúpido calendario en la pared, aun no puedo resolver la incógnita de mi identidad, aun no se a que he dedicado mis horas vividas hasta este momento, me miro en el espejo y no puedo reconocer los rasgos del fantasma delante de mí, es otro día más que camino en estos jardines, a sabiendas que me espera una serie de estudios engorrosos que no responderán mis preguntas (y estoy segura que tampoco las de los médicos) veo la misma ave que ayer cantaba felizmente, puedo jurar que escucho el césped crecer, el mismo señor cansado y viejo con su bata abierta por la espalda y descuidadamente dejando ver su triste cuerpo, todo es enfermedad, todo me parece un eterno retorno al mismo día, no soporto este encierro, no aguanto a las enfermeras tras de mi a la 1:00 y a las 8:00 con los montones de pastillitas que debo tomar, quiero salir, correr por la calle en busca de mis recuerdos perdidos, aquí dentro no puedo avanzar, aunque ciertamente me aterra pensar en que al salir no pueda reconocer las calles, las caras, los parques… ¿y si no soy más que una extranjera? ¿si de verdad estoy muerta y resucitada? ¿y si las imágenes en mi cabeza no corresponden a este lugar? Pero ya es hora de más exámenes. No encuentran nada, no hay explicaciones para mi falta de memoria, no hay explicaciones para la perdida de conciencia, ni siquiera para que siga en este mundo y los médicos finalmente se han cansado de jugar conmigo así que me dan de alta.
Salgo a la calle, todo se ve tan familiar y tan ajeno a la vez, camino, me pierdo en las avenidas, me paseo por los parques y no, no puedo encontrar por ninguna parte un poco de mi, alguna pista sobre mi pasado o aunque sea sobre mi futuro, ya cayendo la tarde llego a un café, el aroma me llama y siento esa agradable sensación de por fin saber de algo de mi, sin embargo no reconozco este sabor, no se sí en realidad siempre me ha gustado o si es un nuevo gusto adquirido en la tristeza de no saber nada de mi, pago el café con el poco dinero que tengo y me encamino a buscar el albergue que será mi morada mientras encuentro una forma de sostenerme en este obligado exilio de mi.
Esta tarde, mientras regresaba de la cafetería donde ahora labor, pude ver a una señora, muy joven, me ha sorprendido que a su aparente corta edad pueda criar a tres pequeños que le tiran del vestido, corren desordenadamente y se empujan entre sí, la miré un largo rato mientras se perdía por la callecita, hasta que deje de escuchar los frenéticos gritos de los pequeños, entonces me levante de la banquita donde suelo sentarme en espero de mi memoria y me fui, me he dado cuenta de que mi pasatiempo es coleccionar imágenes de momentos afortunados como este, guardar muy dentro de mi estas experiencias y creer que me pertenecen, ¿cómo sería yo si fuese madre de estos tres pequeños? ¿o la anciana que ayer caminaba sin prisa con esa claridad y seguridad que yo no puedo poseer?. Es maravilloso ver todo lo que puedo ser y al tiempo es desesperante no ser nada, no saber que rayos soy….
Hoy me ha pasado algo realmente increíble, servía el desayuno a un interesante chico, éste me comentó que es la primera vez que se atreve a entrar al café y ordenar algo, pero que van varios días que me ve salir del trabajo y sentarme en una banquita que está en plena avenida, que he capturado su atención y que le gustaría saber un poco de mi, en ese momento sentí pánico, ¿cómo compartir con alguien algo que desconozco?, así que sonreí y me retiré, ya de camino a casa me preguntaba que es lo que haría y he llegado a la conclusión de que tengo que empezar de nuevo, adoptar una identidad, ser quien siento que soy, no pude ser que solo sea el producto de un pasado olvidado, puedo ser yo misma, una yo que sería completamente idéntica a la que se perdió en la neblina o una absolutamente diferente, pero sería yo, entonces pasé por una librería y compre el libro que más llamó mi atención, llegue al albergue y me determiné a que es tempo de mudarme, buscar un departamento y llenarlo de aquellas cosas que he evitado comprar por temor a que no sean las cosas que hubiese comprado en otro tiempo y que al recuperar la conciencia de mi identidad pudiese detestar.
Me he mudado a un pequeño apartamento que está cerca del parque que me gusta visitar, queda a solo un par de cuadras del café en donde trabajo, hace ya bastante tiempo que ese chico simpático me despertó y desde entonces no lo veo, he querido creer que solo apareció para sacudirme de esta quietud y mostrarme una luz entre la neblina, pero pienso más certeramente que se ha desilusionado de mi falta de respuesta y desapareció, solo quisiera volver a verlo para agradecerle su ayuda.









